Durante seis meses, después de incorporarse a Quest Global, Abril estuvo viviendo con una contradicción.
Fuera del trabajo, vivía con su identidad como mujer. En el trabajo, al no disponer todavía de documentación oficial que reflejara su nombre, seguía presentándose con su antiguo nombre y mostrándose de una manera con la que ya no se sentía ella misma.
Lo que vino después fue un ejercicio diario de equilibrio entre dos realidades: una personal y otra profesional. Cuando finalmente llegó el momento de contarle a su responsable y a sus compañeros que era una mujer trans, la experiencia se convirtió en uno de los momentos más liberadores de su vida.
En esta conversación, Abril reflexiona sobre su proceso de transición de género y sobre cómo pequeños gestos de apoyo pueden marcar una gran diferencia.
Te incorporaste a Quest Global en mitad de tu transición. ¿Cómo fue esa experiencia?
Cuando empecé a trabajar aquí, todavía no tenía mi DNI actualizado, así que me presenté utilizando mi antiguo nombre. Era un entorno profesional y no quería llamar la atención. Preferí esperar hasta tener mi documentación oficial y alguna prueba formal de mi identidad.
Durante seis meses, nadie en el trabajo te conocía como Abril. ¿Qué impacto tuvo eso en ti?
Fue difícil. Tenía que esforzarme por hablar en masculino, porque realmente en mi entorno personal yo ya hablaba en femenino. Tenía que medir cada palabra que se refiriera a mí, cambiar el chip al entrar y al salir del trabajo, y de por sí evitaba activamente hablar de mí.
¿Qué te dio finalmente la confianza para compartir esa parte de ti en el trabajo?
Hablé con mi responsable, Pedro, un viernes. Es una persona muy tranquila y cercana, así que la conversación resultó sencilla desde el principio. Inmediatamente contactó con Recursos Humanos para actualizar mi nombre en los sistemas de la empresa y me sugirió que fuera yo quien compartiera la noticia con mis compañeros el lunes siguiente.

Eso fue exactamente lo que hice. Hablé con ellos uno por uno y todo salió muy bien. Mostraron interés por mi experiencia y me hicieron preguntas desde la curiosidad genuina y el respeto. En ocasiones, por costumbre, algunas personas me llamaban por mi antiguo nombre, pero cualquiera dentro de la comunidad entiende que suele existir un período de adaptación cuando alguien cambia de nombre. Nunca me lo tomé como algo personal.
Hoy soy plenamente Abril, para mí misma y para todo el mundo.
Mirando atrás, ¿cuál dirías que ha sido el mayor desafío?
Actualmente estoy realizando un tratamiento hormonal, lo que implica sus propios ajustes, pero en general he tenido la suerte de vivir mi transición con el apoyo de una sólida red de familiares, amistades y compañeros de trabajo.
Los mayores desafíos a los que me he enfrentado han sido, muchas veces, más prácticos que personales. Por ejemplo, algunos de mis títulos académicos siguen sin reflejar mi nombre actual, y muchos sistemas administrativos no están diseñados para adaptarse a experiencias como la mía.
Contar con un entorno de apoyo ha marcado una enorme diferencia, permitiéndome centrarme en avanzar mientras afronto esos obstáculos paso a paso.
Sabiendo lo que sabes ahora, ¿harías algo de manera diferente?
Es una buena pregunta. Después de ver la reacción de mis compañeros, sinceramente no creo que hubiera ocurrido nada malo. Pero en aquel momento preferí protegerme y esperar a disponer de documentación oficial que reflejara mi identidad.
Además, acababa de incorporarme a la empresa. Sentía que primero necesitaba demostrar mi valor profesional, conocer a las personas y que ellas me conocieran a mí. Solo entonces me sentí cómoda compartiendo esa parte de mí misma.
Quest Global ha sido para ti un lugar seguro. ¿Qué ayudó a crear esa sensación de confianza y pertenencia?
Quest Global siempre me ha parecido un lugar seguro, aunque sigue siendo un entorno profesional donde ciertas conversaciones pueden resultar difíciles, independientemente del tema.
Creo que la confianza se construye a través de las interacciones cotidianas. Cuando puedes mantener todo tipo de conversaciones con tus compañeros sin sentirte juzgada. Cuando se interesan por ti y te preguntan cómo estás. Cuando ves la diversidad representada en toda la organización. Cuando el apoyo se muestra de forma abierta y explícita.
Recuerdo que durante el Mes del Orgullo del año pasado repartisteis tarjetas con mensajes de apoyo y pulseras en las oficinas. Todavía conservo esa tarjeta colocada encima de mi escritorio. Para mí fue un mensaje importante. Me hizo sentir que estaba en el lugar adecuado.
¿Qué te gustaría que las personas aprendieran de tu historia?
Estoy aquí hoy porque me habéis dado un altavoz simplemente por ser yo misma. Siempre que digo esto, las personas de mi entorno me responden que no es así, pero yo no he hecho nada extraordinario. Simplemente he existido siendo quien soy. Y es precisamente porque soy yo misma por lo que hoy estoy aquí hablando.
Eso demuestra que, aunque la sociedad es hoy más respetuosa y receptiva de lo que era antes, todavía queda un largo camino por recorrer. Si realmente hubiéramos llegado a un punto en el que todas las personas fueran plenamente aceptadas, una historia como la mía ya no sería necesaria.
Y cuando llegue ese día, podremos decir que realmente hemos superado estos desafíos.